Pedro Caballero
Caballero nace en Cajabamba, Perú.
1982 »
Egresa de la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes de Lima.
1986- Viaja a Europa y realiza estudios personales en los principales Museos y galerías de arte de París y Madrid.
Premios y Distinciones
Ha recibido numerosos premios entre los que se destacan: El Premio Internacional a la Crítica, Valparaíso, Chile en los años 1992 y 1993.
Principales exposiciones colectivas
Desde 1978 hasta la actualidad realiza exposiciones colectivas y personales en Perú, EE.UU., Bélgica, Alemania, España, Chile, Bolivia y Venezuela.
Feria Internacional del Pacífico, Lima; Salón Anual Ciudad de Puerto Llano, España; Arte Latinoamericano, París; Feria Internacional de Frankfurt, Alemania; I Bienal de Arte Oeschle, Lima; FIA Caracas, Venezuela.
Galería Praxis de Nueva York. Lobby Art the World Bank Art Society, Washington U.S.A., entre otras.
Principales exposiciones individuales
Entre las numerosas muestras individuales podemos mencionar;
1994 »
Galería de Arte Praxis, Santiago-Chile
Museo de la Nación, Lima- Perú.
Galería de Arte Praxis, Lima-Perú.
1995 »
Galería de Arte Praxis, New York.
1996 »
Galería de Arte Moncaltm-Hull, Quebec.
Moose Jaw Art Museum National Exhibition Centre, Canadá.
1997 »
Timmis Museum National Exhibition Center Ontario, Canadá.
Medicine Hat Museum and Art Gallery, Canadá.
Prince of Wales Northen Heritage Center Yellowknife, Canadá.
Galería de Arte Praxis, Santiago Chile.
Museo de las Américas, San Juan, Puerto Rico.
The World Bank Art Society, Washington D. C. USA.
Comentario
Un mundo muy particular es que nos entrega el más joven de esos artistas. Varios resultan, por supuesto, los elementos que participan en la constitución de su verba propia. Desde luego, el ingrediente que proviene del magnífico bagaje prehispánico. No olvidemos que la historia del arte peruano cuenta con los tejidos de Chanca y de Paracas, siendo considerados los segundos junto con los textiles coptos del Egipto cristiano como lo mejor que conoce la humanidad dentro de este campo de las bellas artes. Y de que modo tan interesante hace uso de ellos Pedro Caballero! Así, mediante su sagaz sentido de los espesores del pigmento, reinterpreta, transfigura la textura, los puntos mismos que van determinando, paso a paso, el tejido entero. Asimismo hace de las combinaciones de color a la vieja usanza el punto de partida para sus propios y refinados acordes cromáticos. Estos parpadean, briosos y apastelados, en medio de los grises y los tierra predominantes. Los planos de color tratados como bandas textiles se someten, por otro lado, a un fluido móvil escalonamiento de espacios rectangulares. Ellos consiguen expandir hacia el fondo las dimensiones del cuadro, convirtiéndose en presunto cosmos de formas misteriosas, Un clarooscuro impregnado de neblina otorga una suavidad sedosa a semejante sucesión de perspectivas.
La proyección visual de estas pinturas casi abstractas principia a actuar, acaso, sobre el espectador con la proposición de una forma protagónicas de los límites bien precisos un rectángulo -, en el centro del soporte y donde figuras sin vínculos con el ámbito cotidiano se aglomeran llenas de sugerencias fantásticas. Enseguida, el ojo del observador va penetrando, poco a poco, en el interior de la composición. AL final, su vista termina por perderse dentro de la hondura mórbica de los planos posteriores. A través del primer período creador de Pedro Caballero, aquellos fondos enigmáticos no dejan de permitir asociaciones figurativas. En primer lugar, vastedad de cordilleras. Así, a menudo, creemos hasta sentir el aire enrarecido de las cumbre andinas. También las bandas estrechas que, perpendiculares o paralelas, atraviesan la parte trasera del rectángulo protagónico podrían interpretarse como sugerencia de atril de pintor con el cuadro que sostiene. Pero no sólo eso. En ciertas oportunidades vemos la forma pretificada, no poco frecuente en las alturas de los Andes, de residuos marinos. La silueta de peces aparece. Aunque más o menos borrosas, conservan bien identificable la expresividad del ojo y de la boca. La concurrencia de unos y otros elementos, reconocibles o no, menos cercanos o menos lejanos, más luminosos o más oscuros, movedizos o estáticos, despliega un auténtico clima mágico, emanado del propio ámbito cordillerano.
El segundo período que ofrece la evolución de Caballero introduce una novedad dentro del mismo ambiente peculiar que acabamos de describir. En efecto, se trata de una figura por completo realista y dotada de firmes atributos táctiles. Ella actúa como vigoroso contrapunto del enigmático y vaporoso entorno. Y ese realismo encarna en objetos del diario vivir de los Andes. Pintados con fina precisión tenemos, entonces, mantas y prendas de vestir gastadas por el uso, cuerdas, cuerdas de todas clases, alforjas y bolsas, papeles personales ñ uno hasta provisto con el boceto pictórico del mismo autor -, pequeñas muñecas, restos vegetales, una lamparilla. Llenan todos ellos la presencia testimonial de la vitalidad humana al interior de lienzo. Si bien el hombre no comparece abiertamente, sus huellas directas establecen una interesantísima tensión sicológica entre él, ausente, y el climático entorno. Sobre la base del desarrollo coherente que nos muestra la obra de Pedro Caballero, no resulta arriesgado vaticinar, en este caso, un porvenir que mantenga y acreciente sus valiosos frutos actuales. Perú lo merece. |