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  Critica de Cine

En “Los descendientes”, Matt King (George Clooney), casado y padre de dos niñas, se ve obligado a reconsiderar su pasado y a encauzar su futuro cuando su mujer sufre un terrible accidente de barco en Waikiki. Matt intenta torpemente recomponer ....

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»Estados Unidos, 1957: en el pueblito de Rockwell cae algo del cielo. A Hogarth, un niño solitario y de buen carácter...
 
 
CRITICA DE CINE
 
 

Los Descendientes

Título original: The descendants. Dirección: Alexander Payne. Género: Drama, comedia. Protagonistas: George Clooney (Matt King), Judy Greer (Julie Speer), Matthew Lillard (Brian Speer), Beau Bridges (primo Hugh), Shailene Woodley (Alexandra), Robert Forster (Scott Thorson), Nick Krause (Sid), Patricia Hastie (Elizabeth King), Amara Miller (Scottie King), Mary Birdsong (Kai Mitchell), Rob Huebel (Mark Mitchell). Guion: Alexander Payne, Nat Faxon y Jim Rash; basado en la novela de Kaui Hart Hemmings. Producción: Jim Burke, Alexander Payne y Jim Taylor. Fotografía: Phedon Papamichael. Montaje: Kevin Tent. Diseño de producción: Jane Ann Stewart. Vestuario: Wendy Chuck. País: USA. Año: 2011. Duración: 110 min.

Critica de Cine

"Los descendientes" es una película cuidada, brillante y adulta, que cuenta con un guión sublime. George Clooney brilla con luz propia en un papel exigente y el director Alexander Payne se consagra como uno de los grandes.

Dentro del cine de narrativa convencional, podemos distinguir entre el cine de historias y el cine de personajes. No es que el primero no nos presente personajes, o que el segundo no nos cuente historias, pero sí que se puede apreciar, en el contexto de esa diferenciación y a grandes rasgos, la primacía de uno u otro elemento como eje articulador de la obra. Desde esa perspectiva, es evidente que una cinta como "Los descendientes" (ver tráiler y escenas) se trata de una película de personajes —o, para ser más precisos, de personaje—.

Nuestro hombre es Matt King. Un hombre sencillo y austero, con una existencia rutinaria. Abogado residente en Hawai, casado —aunque su matrimonio se halle en horas bajas, aquejado de un distanciamiento más fruto del tiempo pasado que de episodios de ruptura—, con dos hijas de las que sabe poco —poco se relaciona con ellas—, y responsable fiduciario de la administración de unos terrenos correspondientes a una inmensa herencia de sus antepasados, la misma que le permite mantener un nivel de vida notablemente acomodado, y sobre la cual, a consecuencia de la presión del resto de sus familiares, debe adoptar una decisión definitiva. Pero sobreviene un grave suceso en el ámbito familiar que trastoca por completo ese cuadro de situación, y que obliga a King a ocuparse —y preocuparse— por una serie de cuestiones a las que, hasta ese momento, había prestado poca o nula atención, dando pie a un proceso catártico de resultado incierto.

Alexander Payne, como ya hiciera con la magnífica "A propósito de Schmidt" (2002) —un filme de premisa argumental de evidentes concomitancias con el que nos ocupa—, nos vuelve a ofrecer el retrato de un hombre común sometido a circunstancias poco comunes. Un ejercicio narrativo que, si no hila con soltura sus cuitas y vericuetos, corre el peligro de despeñarse por el barranco del aburrimiento —por irrelevancia o insustancialidad—; un riesgo que, como ya hiciera en aquella, vuelve a conjurar en "Los descendientes", con el concurso de dos instrumentos de tremenda eficacia: un guión sublime y un intérprete majestuoso.

De las bondades de un guión como el de "Los descendientes" da buena medida el hecho de que, a diferencia de tantas cintas fallidas, su desarrollo de la trama, a medida que concreta y solventa las diferentes líneas argumentales, gana consistencia y empaque para componer un fresco que, visto en panorámica, cobra pleno sentido y da razón de ser a todos y cada uno de sus personajes y situaciones. ¿Un golpe de genialidad? Lo dudo; más bien, un trabajo meticuloso de construcción y depuración, con el que los autores del texto consiguen, sin hacer proclamas morales explícitas ni alejarse de modos narrativos convencionales, un material cálido, humano y relevante.

En cuanto al intérprete, ¿qué decir del trabajo de un George Clooney que con su presencia continua en pantalla asume la conducción "física" de una historia plagada de recovecos sentimentales? Pues que lo hace con la brillantez que solo pueden exhibir los grandes, con una gama de registros tan variada como contenida. Su personaje es un hombre tranquilo, sin grandes pasiones, pero al que los acontecimientos llevan a un abanico de emociones que abarcan desde la estupefacción al dolor, pasando por la rabia, la incomprensión o la duda; y todos ellos, desde los más intensamente dramáticos hasta aquellos en que roza lo grotesco, los cubre con solvencia, credibilidad y profundidad.

Propuesta cuidada, brillante y adulta, un filme como "Los descendientes" es una bendición para una cartelera. Una película que consagra a Payne —si es que no cabía considerarlo así ya previamente— como un gran director y que, sobre todo, eleva a Clooney a un estatus interpretativo que va más allá de la condición de estelar.


 

 

 

 

 

 

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